Cada vez es más raro encontrar un estreno de menos de dos horas, y casi una rareza encontrar uno de menos de noventa minutos. Pero la duración corta, bien administrada, no es un límite: es una disciplina. Estas siete películas demuestran que se puede contar una historia completa, con arco emocional y sin relleno, en el tiempo que dura una siesta larga.

1. "Following" (Christopher Nolan, 1998) — 69 min

El primer largometraje de Christopher Nolan, rodado en blanco y negro con un presupuesto mínimo, ya contenía en poco más de una hora la estructura de puzle temporal que definiría toda su carrera posterior. Ni un plano sobra.

2. "Persona" (Ingmar Bergman, 1966) — 85 min

Bergman diseccionó la identidad, el silencio y la relación entre una actriz muda y su enfermera en apenas hora y media, con una densidad psicológica que muchas películas de tres horas no llegan a alcanzar.

3. "Toy Story" (John Lasseter, 1995) — 81 min

La primera película de animación totalmente digital de la historia resolvió, en poco más de ochenta minutos, un arco de celos, amistad y aceptación que sigue siendo el manual de referencia de Pixar.

4. "Corre, Lola, corre" (Tom Tykwer, 1998) — 81 min

Tres variaciones de la misma carrera contrarreloj, cada una con consecuencias completamente distintas, montadas con una energía casi de videoclip que no deja al espectador un segundo de respiro.

5. "Locke" (Steven Knight, 2013) — 85 min

Un solo actor, Tom Hardy, conduciendo un coche durante toda la película mientras su vida se desmorona a través de llamadas telefónicas. Una apuesta de mínimos que consigue una tensión máxima.

6. "Cuenta conmigo" (Rob Reiner, 1986) — 89 min

Una historia de amistad adolescente e iniciación a la vida adulta que no necesita ni noventa minutos completos para convertirse en uno de los retratos más queridos de la infancia en el cine americano.

7. "Fantastic Mr. Fox" (Wes Anderson, 2009) — 87 min

Wes Anderson traslada su universo de simetrías y familias disfuncionales al stop-motion, con un ritmo tan ajustado que ni los espectadores más pequeños pierden el interés en ningún momento.

Ninguna de estas siete películas se siente incompleta. Todas ellas demuestran que la duración correcta de una historia es, exactamente, la que necesita para contarse bien, ni un minuto más.